miércoles, 18 de noviembre de 2015

Fruto de la predicación radial



Estando en una búsqueda constante de Dios a través de la palabra, liturgias, obras; mi corazón se encontraba falto de la presencia del Señor. Pero tuve mi recompensa, cuando una noche, escuchando en la radio un programa cristiano, le dije a Dios: – Si tú realmente existes tienes que venir a mí porque yo no sé cómo ir a ti –.

Y, a medianoche, al estar durmiendo, de repente despierto y miro que hay una luz que se acerca al dormitorio. Al llegar a la puerta esa luz veo a un niño pequeño de  tres años, muy hermoso, vestido con una túnica muy blanca, a pies pelado y gorditos, sus manos eran también gorditas. 

Al verlo (en mi ignorancia) le digo: –  ¿Tú eres Dios? – Y mientras se acerca a los pies de mi cama me responde diciendo:   – “Te voy a sacar todo lo malo que tú tienes” –.  Esto me asombra, porque en mi cuerpo no tenía ni siquiera un rasguño. Me tapé completamente y veo que comienza a salir desde todo  mi cuerpo, un humo de varios colores oscuros violáceo, gris, azulado, negro; formándose un rostro horrible que dice: – Me la han quitado –.  (Si han visto las películas de terror se pueden imaginar esa cara) y se fue por la puerta. Entonces, doy vuelta el rostro para mirar al niño, y el niño ya no estaba. Mi pieza quedó iluminada por dos horas más o menos.

 “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:8)

Al tercer día, al estar durmiendo, inconscientemente quise darme vuelta y no pude hacerlo. Despierto. Sobre mí había un tremendo león que rugía. Sólo atine a decir: –  Jesús –. Y ese león desapareció.

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1Pedro 5:8) 

Testimonio verídico cuando aún no conocía la palabra en la Biblia..

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